El huevo es considerado uno de los alimentos más completos de la dieta humana gracias a su aporte de proteínas de alta calidad, vitaminas como A, B6, B12, D y E, además de ácido fólico, fundamental para la gestación en mujeres embarazadas.
Su versatilidad en la cocina y su valor nutricional lo convierten en un producto básico en los hogares. Sin embargo, un detalle genera dudas entre los consumidores: ¿por qué en los supermercados se exhiben a temperatura ambiente y, en cambio, en casa se recomienda guardarlos en la nevera?
La duda sobre la conservación de los huevos
En tiendas y mercados, los huevos suelen colocarse en empaques de cartón, fuera de refrigeración. Esto desconcierta a muchos compradores, quienes suelen optar por almacenarlos en frío al llegar a casa.
Para aclarar este tema, la farmacéutica y nutricionista Boticaria García compartió en sus redes sociales una explicación detallada sobre los factores que influyen en la conservación del producto.
La cáscara, una barrera frágil
Según la especialista, la cáscara de un huevo contiene entre 7.000 y 17.000 poros, lo que la convierte en una superficie permeable para bacterias como la salmonella.
Aunque el alimento cuenta con una cutícula natural que actúa como barrera antibacteriana, esta capa es muy delicada y puede verse comprometida con facilidad.
El riesgo de la condensación
Uno de los mayores peligros, explica García, es la condensación. Cuando un huevo “suda”, la humedad disuelve la cutícula y abre paso a microorganismos.
De ahí que en los supermercados se mantengan a temperatura ambiente, evitando cambios bruscos entre frío y calor que podrían acelerar ese proceso.
“Si los huevos estuvieran refrigerados en la tienda, al trasladarlos al maletero del coche sufrirían un cambio de temperatura que provocaría transpiración y, con ello, la pérdida de la protección natural”, detalló la nutricionista.
La recomendación para el hogar
La experta es clara: al llegar a casa, los huevos deben colocarse en la nevera. En la cocina, donde las temperaturas varían constantemente debido a la cocción, ventilación o clima exterior, es fácil que el alimento se exponga a condensación.
“En la encimera, un simple cambio de temperatura podría arruinar la cutícula y facilitar la entrada de bacterias”, advirtió García.
Por ello, la mejor práctica es refrigerarlos tan pronto como sea posible para garantizar su seguridad y prolongar su frescura.
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