Detrás de la imagen de una entusiasta de los caballos y participante frecuente en competencias de barrileras, se ocultaba una figura clave dentro de una presunta red criminal dedicada al lavado de dinero. Daniela Mora, de 31 años, esposa del señalado líder del caso “Pana”, fue detenida este martes como parte del operativo que ejecutó el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) en el sur del país.

La mujer, que además es abogada de profesión, no solo acompañaba a su familia a eventos ecuestres, sino que era una participante activa en redondeles de todo el país, donde solía competir montando caballos de alto valor. En varias ocasiones, su presencia fue captada en videos difundidos en redes sociales por productoras especializadas en eventos de barrileras y exhibiciones equinas.
Lujos entre caballos y una vida de apariencias
La finca allanada por el OIJ en General Viejo de Pérez Zeledón, donde vivía la pareja, revela parte del estilo de vida que llevaron durante los últimos años. En el lugar, los agentes hallaron una caballeriza con múltiples equinos, además de una pintura en honor a Mora, alusiva a su afición por la competencia ecuestre.
Según confirmó Randall Zúñiga López, director del OIJ, en esa misma propiedad también se ubicaron alrededor de 200 animales, entre caballos y ganado. “Tienen muchos animales en este lugar donde nos encontramos”, explicó durante el operativo.
El fiscal adjunto Mauricio Boraschi, por su parte, indicó que los caballos encontrados estaban diseñados para competencias y exhibiciones, y que incluso dentro de la propiedad se observaron elementos decorativos relacionados con la cultura barrilera, como pinturas de los animales y referencias a eventos.
Miembros activos de la red
Tanto Daniela Mora como el hijo de José Abdiel Sánchez González, de 22 años, figuran como miembros activos de la organización investigada por legitimación de capitales. Según explicó el OIJ, ambos tenían funciones dentro del grupo y habrían sido pieza clave para justificar la adquisición de propiedades, vehículos y otros activos.
“La esposa es abogada y el hijo tenía vinculación directa con las actividades del grupo criminal. No eran simples acompañantes”, recalcó Zúñiga.
Una fortuna que creció sin explicación aparente
La investigación del caso Pana se remonta al año 2021, cuando las autoridades comenzaron a rastrear los movimientos financieros de Sánchez tras identificar un crecimiento patrimonial difícil de justificar. En total, se estiman más de ¢1.000 millones invertidos en tiendas, aserraderos, ganado, camiones, caballos y propiedades en distintas zonas del sur del país, principalmente en Golfito y Pérez Zeledón.
Además de los negocios, el grupo utilizaba su estilo de vida y apariciones públicas en eventos ecuestres como un mecanismo de legitimación social, disfrazando sus verdaderas fuentes de ingreso bajo actividades aparentemente normales y aceptadas por la comunidad.


