En medio de una realidad difícil que vive una familia en Río Piedras de Tilarán, Guanacaste, una niña de tan solo 14 años ha tomado un rol que no le corresponde a su edad: salir a las calles a vender cajetas con la esperanza de llevar comida a su casa. La situación económica de su hogar es crítica, especialmente porque la persona que sostenía a la familia se encuentra en fase terminal.
Fue precisamente este acto de valentía lo que llamó la atención de oficiales de la Fuerza Pública en el cantón de Tilarán, quienes al conocer la historia decidieron no quedarse de brazos cruzados. Conmovidos por el esfuerzo y la madurez de la joven, se organizaron para recolectar víveres y entregarlos directamente en su vivienda.
La familia vive en condiciones de alta vulnerabilidad, donde cada comida es una preocupación diaria. Lo que para muchos podría ser una rutina más, para esta adolescente se convierte en un acto de sobrevivencia y amor por los suyos.

Los oficiales no dudaron en ir más allá del deber. Dejaron de lado por un momento sus patrullajes y sus obligaciones para enfocarse en algo aún más urgente: la necesidad humana. Armaron paquetes con alimentos y los llevaron personalmente a la humilde vivienda, dejando claro que la solidaridad también puede portar uniforme.

Este tipo de gestos, aunque no siempre ocupan titulares, son una muestra del lado más humano de las autoridades. La Fuerza Pública no solo vigila, también acompaña y, como en este caso, abraza con empatía a quienes más lo necesitan.

Además de la ayuda brindada, este caso podría abrir la puerta a más apoyo de parte de instituciones o comunidades organizadas. Es un llamado a no mirar para otro lado ante la pobreza extrema que viven muchas familias costarricenses, y a reconocer que hay adolescentes cargando responsabilidades que deberían ser compartidas por todos como sociedad.


