Durante una conversación sin filtros en el pódcast de Johanna Villalobos, el reconocido locutor costarricense Jair Cruz se despojó de toda pose para hablar de uno de los aspectos más íntimos y complejos de su vida: la paternidad. Con franqueza, el comunicador reconoció que, en su juventud, tomó decisiones impulsivas que lo llevaron a convertirse en padre de seis niños —cinco biológicos y una niña a quien crió como suya.
“Fui un hombre irresponsable”, admite sin titubeos, recordando aquellos años en los que debió enfrentar no solo la crianza de varios hijos, sino también los conflictos con las madres de cada uno. Jair reconoce que la falta de una figura paterna sólida durante su niñez fue un factor determinante en cómo enfrentó los primeros años como papá. “Yo no tuve un buen ejemplo, y eso me marcó. Pero también me empujó a querer hacerlo diferente, aunque no siempre supe cómo”, comentó.
La vida familiar del locutor estuvo llena de obstáculos. Durante un periodo particularmente difícil, tuvo que asumir hasta cuatro pensiones alimenticias al mismo tiempo. Para cumplir con todas sus obligaciones, trabajaba prácticamente sin descanso:
“Salía de la radio, iba al canal, luego a Palmares… y al día siguiente empezaba otra vez”.
Más allá del desgaste económico y emocional, Jair asegura que lo más duro fue no tener una relación estable con las madres de sus hijos, algo que dificultó aún más mantener cercanía con ellos durante varios años. Sin embargo, con el tiempo y mucha voluntad, las heridas comenzaron a sanar y las relaciones familiares se fueron reconstruyendo.
Hoy, con sus hijos ya más grandes —Valeria, María Angélica, Isabella, Camila, Fabiana y Jahir—, Cruz afirma que han logrado conectar de una forma más madura y sincera.
“Nos sentamos a hablar, compartimos más y hasta recordamos cosas que pasamos antes… aunque algunas duelan”, expresa.
Curiosamente, mantiene un carro de siete pasajeros, a pesar de que la mayoría ya tienen sus propios vehículos. Para Jair, eso no es un capricho, sino un símbolo de unión. “Ellos quisieron que lo mantuviera así. Es como una forma de seguir siendo un solo equipo”, cuenta con una sonrisa.
El mensaje que Jair Cruz deja no busca disfrazar errores, sino convertirlos en lecciones para otros hombres que están atravesando una situación parecida. “No les voy a mentir: no planeé la mayoría de mis hijos. Pero si ya están aquí, lo mínimo que uno puede hacer es estar presente y cumplir”.
Su historia es, al final, un testimonio de madurez tardía, de reconstrucción emocional y de cómo el amor entre padres e hijos puede florecer incluso después de etapas marcadas por la distancia y la culpa. Para Jair, la versión actual de su vida —más cercana, estable y llena de cariño familiar— es la que realmente vale la pena.


