martes, 7 julio 2026
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La trataron de hipocondríaca, dio a luz a su hijo y le detectaron cáncer terminal

Lois Walker, una madre británica de 37 años, vivió una de las experiencias más duras que se puedan imaginar: durante más de un año suplicó ayuda médica por fuertes dolores abdominales, pero fue tildada de hipocondríaca. La sorpresa —y tragedia— llegó durante la cesárea de su tercer hijo, cuando los doctores descubrieron que tenía cáncer en etapa terminal.

Todo comenzó en junio de 2020, cuando Lois empezó a experimentar malestares severos en su abdomen. En plena pandemia, sus visitas médicas terminaron en recetas para la ansiedad y consejos dietéticos. Según su testimonio, los doctores le sugirieron eliminar productos lácteos de su alimentación y hasta le recetaron citalopram, un antidepresivo, insinuando que lo suyo era un problema psicológico y no físico. Incluso, uno de sus médicos insinuó que el malestar era “parte del envejecimiento”.

Pese a haber tenido un historial de cáncer de piel, sus advertencias fueron desestimadas. Lois insistía en que algo no andaba bien con su cuerpo, pero sus síntomas se atribuyeron a trastornos como el colon irritable o simplemente a estrés.

En diciembre de ese mismo año, su vida dio un giro al enterarse de que estaba embarazada. El dolor, lejos de ceder, aumentó al punto de limitar su movilidad y su alimentación. “No podía ni caminar. ¿Cómo es posible que con un embarazo avanzado y tanto dolor no encendieran las alarmas?”, relató indignada.

Agobiada por la indiferencia del sistema de salud y sintiéndose completamente ignorada, Walker llegó al punto de amenazar con suicidarse si no recibía atención seria. Fue esa advertencia la que movilizó al equipo médico, aunque lamentablemente ya era muy tarde.

En septiembre de 2021, al evaluar su estado para el parto, encontraron una masa anómala en su abdomen. Durante la cesárea, los médicos descubrieron tumores en los ovarios, ganglios linfáticos y tejidos abdominales. El diagnóstico era claro y devastador: cáncer en etapa 4.

Lois lo recuerda con claridad: “Uno de los médicos me tomó la mano, lloró y me dijo que me habían fallado”. A pesar de las seis rondas de quimioterapia y múltiples cirugías, la enfermedad ya estaba demasiado avanzada. Su hígado se había fusionado con el diafragma, su vejiga con el útero, y sus ovarios estaban completamente comprometidos.

Hoy, más allá del dolor físico, lo que más le duele a Lois es la negligencia que vivió. “Podría haber sido detectado a tiempo. En cambio, me voy a morir dejando a tres hijos pequeños”, lamentó en entrevistas con medios británicos.

Su historia ha tocado corazones en todo el Reino Unido. La familia inició una campaña de recaudación en línea en apoyo a Cancer Research UK, superando los $10.000 dólares en donaciones. Sin embargo, como ella misma reconoce, por más fondos que se logren recolectar, su vida está marcada por un diagnóstico que pudo haberse evitado.

Este caso ha reavivado el debate sobre cómo el sistema de salud puede fallar cuando subestima el dolor de las mujeres, y especialmente cómo se puede pasar por alto una enfermedad mortal bajo el prejuicio de “todo está en su cabeza”. La historia de Lois Walker no solo es trágica, también es una llamada urgente a tomar en serio la voz de los pacientes.

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