Lo que debía ser una clase más en la rutina de entrenamiento se convirtió en un antes y un después para Jack Greener, un joven universitario de 30 años que en 2018 ingresó a una academia de jiu-jitsu en San Diego y salió con una lesión irreversible que lo dejó tetrapléjico. La tragedia, ocurrida en plena sesión guiada por el instructor Francisco Iturralde, derivó en una batalla legal que hoy marca un precedente para los deportes de contacto en Estados Unidos.
Greener, quien estaba a semanas de obtener su título universitario, terminó con una fractura severa en el cuello luego de que su instructor ejecutara una técnica de control con excesiva presión sobre su cervical. Según el testimonio de Rener Gracie, experto y figura reconocida del jiu-jitsu, la acción involucró una carga de peso injustificable directamente sobre la zona del cuello, lo cual provocó el colapso corporal del alumno en cuestión de segundos. Las imágenes del entrenamiento confirmaron esta versión ante el jurado.

El fallo fue contundente. Un jurado civil dictaminó que la academia Del Mar Jiu Jitsu debía pagarle a Greener una indemnización inicial de $46 millones, suma que luego creció hasta más de $56 millones con los intereses acumulados. Los jueces consideraron que la academia fue responsable por permitir una maniobra que rebasó el riesgo inherente a este tipo de disciplina.
No todos los miembros del gremio compartieron esta visión. Royler Gracie, otro nombre de peso en el arte marcial brasileño, argumentó durante el juicio que lo sucedido fue un accidente desafortunado, sin negligencia evidente. No obstante, las cortes de California respaldaron la responsabilidad civil del instructor y de la academia.
El golpe legal no se detuvo ahí. Aunque los tribunales estatales cerraron el caso tras rechazar las apelaciones, la academia ahora busca un último recurso: apelar ante la Suprema Corte de los Estados Unidos con la esperanza de revertir el fallo y limpiar su nombre.
Esta sentencia, más allá del monto económico, ha encendido un debate sobre hasta qué punto un deporte de contacto puede justificar acciones de alto riesgo sin consecuencias legales. Para muchos especialistas, este caso podría abrir la puerta a una mayor regulación en academias y gimnasios, sobre todo cuando los instructores ejecutan técnicas que comprometen la seguridad de los alumnos.
Por ahora, Greener enfrenta su nueva realidad con una sentencia histórica a su favor, pero con secuelas físicas de por vida. El caso recuerda que, incluso en los entornos donde se predica el control y la técnica, un solo movimiento puede cambiarlo todo.


