Durante dos años, una organización criminal logró lo impensable: comercializar más de 20 vehículos de lujo, cada uno valorado entre ¢20 y ¢30 millones, sin levantar sospechas entre sus compradores. Los autos, que en apariencia llegaban de mercados internacionales, en realidad eran robados y modificados para lucir como recién importados.
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) anunció este martes la desarticulación del grupo, gracias a una investigación que venía gestándose desde hace varios meses. Las autoridades realizaron múltiples allanamientos en sectores como La Guácima, Poás, Desamparados, La Agonía de Alajuela y Liberia, logrando la detención de varios implicados, entre ellos un abogado, un mecánico y hasta un funcionario de Aduanas.
La estructura criminal estaba liderada por un dúo familiar: padre e hijo, ambos de apellido Vargas, conocidos bajo el alias de “Los Frijoleros”. Este apodo ya había aparecido en expedientes previos relacionados con delitos similares, lo que indica una trayectoria delictiva consolidada.
Según detalló Randall Zúñiga, director del OIJ, los delincuentes recibían vehículos robados, los modificaban físicamente y alteraban documentos registrales con la colaboración de un funcionario aduanero en La Cruz de Guanacaste. Así, lograban ingresar al sistema nacional unidades que jamás habían salido legalmente del país.
El abogado capturado presuntamente facilitaba los trámites de inscripción en el Registro Nacional, asegurando que los papeles no levantaran alertas. Por su parte, el mecánico se encargaba de hacerle al vehículo los “retoques” necesarios para que pareciera traído del extranjero.
Uno de los aspectos más delicados del caso es que muchas de las personas que compraron estos autos posiblemente lo hicieron de buena fe, creyendo que estaban accediendo a una oportunidad única de adquirir un vehículo de lujo a un precio competitivo. Ahora, esas personas podrían verse involucradas en procesos judiciales si no logran demostrar que desconocían el origen ilícito del bien.
Zúñiga explicó que esta red tenía vínculos con una banda robacarros desmantelada meses atrás, lo que refuerza la hipótesis de que operaban con una logística criminal bien estructurada, cubriendo toda la cadena: robo, modificación, documentación falsa y venta final.
El OIJ ya trabaja en rastrear los vehículos vendidos por esta banda, con el objetivo de recuperar el mayor número posible y determinar responsabilidades tanto penales como administrativas.


