miércoles, 3 junio 2026
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¿Quién es la mujer más rica del mundo? Vive lejos del espectáculo y es filántropa

Françoise Bettencourt Meyers: La Multimillonaria en la Sombra

En un mundo donde las fortunas se miden en cifras astronómicas, la curiosidad por conocer quiénes están en la cima de la riqueza es insaciable. Entre los nombres que resuenan en los titulares, destaca el de Bernard Arnault, el magnate francés al frente de LVMH Moët Hennessy Louis Vuitton, quien encabeza la lista de los más adinerados según Forbes, con una impresionante fortuna que supera los 211 mil millones de dólares.

Sin embargo, entre el exclusivo club de los diez hombres más ricos del mundo, la presencia femenina es escasa. Es solo al llegar al puesto número 14 que aparece el nombre de una mujer: Françoise Bettencourt Meyers, una empresaria francesa que heredó su fortuna del imperio L’Oréal.

Con 70 años de edad y nacida el 10 de julio de 1953 en Francia, Bettencourt Meyers ha construido su legado no solo en los negocios, sino también en la filantropía y la escritura. Su riqueza proviene de su patrimonio familiar, siendo la única hija y heredera de Liliane Bettencourt, y la nieta de Eugène Schueller, fundador de L’Oréal.

Casada con el empresario Jean-Pierre Meyers, la pareja posee alrededor del 33 % de las acciones de L’Oréal, consolidando así su influencia en el mundo de la belleza y la moda. Sin embargo, a diferencia de otros magnates, Bettencourt Meyers evita la exposición mediática, prefiriendo mantenerse alejada de las cámaras y los eventos públicos.

Su interés por las artes y la cultura se refleja en su formación en la Academia de Bellas Artes, así como en su habilidad para tocar el piano. Además, es autora de varios libros, incluyendo obras sobre mitología griega y textos bíblicos.

Desde temprana edad, Bettencourt Meyers desafió los estereotipos de belleza al casarse con un hombre de ascendencia judía, un acto que generó controversia en la alta sociedad francesa debido a los vínculos de su abuelo con movimientos pronazis durante la Segunda Guerra Mundial.

«Aunque soy privilegiada, no vivo en la opulencia. No somos coleccionistas de arte ni aficionados a las joyas», declaró Bettencourt Meyers en una entrevista para Le M Magazine del diario Le Monde, destacando su estilo de vida discreto a pesar de su inmensa riqueza.

En un mundo obsesionado con la ostentación, Françoise Bettencourt Meyers emerge como una figura enigmática, cuyo legado trasciende más allá de las cifras en su cuenta bancaria. Su compromiso con la filantropía y su pasión por el conocimiento la sitúan como un ejemplo de éxito discreto en el panorama empresarial global.

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